Desconfianza hacia los canales de denuncia: qué revela el EY Global Integrity Report 2024
El Global Integrity Report 2024 es el informe bienal más reciente publicado por EY hasta la fecha. Ipsos lo elaboró entre octubre de 2023 y enero de 2024 con 5.464 respuestas de consejeros, directivos, mandos intermedios y empleados de 53 países y territorios. El informe revela una paradoja en la cultura de integridad de las grandes empresas y organismos públicos.
Por un lado, la adopción de canales internos de denuncia ha avanzado: la proporción de organizaciones sin línea de denuncia ha caído del 14% al 7% desde 2022, impulsada por nuevas leyes de protección al denunciante y exigencias regulatorias. Por otro, entre quienes sí denunciaron, la presión para no hacerlo alcanzó al 65% de los consejeros, al 57% de la alta dirección y al 50% de los empleados.
La encuesta describe un clima de desconfianza. Los empleados temen ser ignorados, sufrir perjuicio para su carrera profesional o, en el 30% de los casos, poner en riesgo su seguridad personal. Cuatro de cada diez consejeros (41%) reconocieron haber experimentado represalias o haber visto consecuencias adversas para quienes denunciaron irregularidades. A la vez, los directivos sobreestiman los avances: el 40% de los miembros de consejo considera que es más fácil hablar hoy, pero solo el 26% de los empleados comparte esa opinión. El estudio advierte también un deterioro ético contextual. Frente a la inestabilidad geopolítica y económica, casi cuatro de cada diez encuestados (38%) —y dos tercios de los consejeros (67%)— admitiría comportarse de manera poco ética para mejorar su posición profesional o financiera, una cifra más de una vez y media superior a la de 2022.
En síntesis, aunque las estructuras formales de denuncia se extienden, la percepción de seguridad sigue siendo baja. La presión interna, el miedo a represalias y la desconexión entre la visión de la dirección y la experiencia de los empleados debilitan la eficacia de estos canales.
El informe en cuatro cifras
Muestra: 5.464 consejeros, alta dirección, mandos intermedios y empleados de grandes organizaciones y entidades públicas de 53 países (incluida España, 100 entrevistas) de América, Asia-Pacífico, Europa, Oriente Medio, India y África. Trabajo de campo de Ipsos entre octubre de 2023 y enero de 2024.
1. El diagnóstico: mejora la percepción, empeora la conducta
Casi la mitad de los encuestados (49%; 58% en mercados emergentes) percibe una mejora del cumplimiento, impulsada por más regulación y mejor dirección. Pero el test real de la integridad —lo que las personas hacen cada día— empeora: la disposición a comportarse de forma no ética por beneficio propio (38%) es más de una vez y media superior a la de 2022, y otro 38% aceptaría actuar así si lo pide un superior. El 47% señala a las propias personas de la organización como el mayor riesgo de integridad de los próximos dos años.
Contexto: casi un billón de dólares (unos 920.000 millones de euros) en sanciones corporativas entre 2010 y 2023 (EE. UU. y Reino Unido, importes ajustados a la inflación), con un crecimiento superior al 40% en número de infracciones y de empresas infractoras. El fraude corporativo destruye en torno al 1,6% del valor de las compañías cada año.
2. La brecha «decir–hacer» se ensancha
- Solo el 22% de las organizaciones son «integrity-first» (discurso + políticas), frente al 32% de 2022.
- El 49% vive en la brecha decir–hacer (47% en 2022): se habla mucho de integridad, pero no se respalda con políticas ni actuación.
- Un 23% adopta un enfoque meramente formalista (políticas sin cultura, frente al 17% de 2022) y un 5% no lo considera prioritario.
- El liderazgo es el principal foco de riesgo: el 67% de consejeros y el 51% de la alta dirección admite disposición a conductas no éticas, frente al 25% de los empleados.
- Solo el 47% de los equipos directivos comunica con frecuencia la importancia de actuar con integridad (33% según los empleados).
3. Causa raíz: silencio, presión y represalia
El informe sitúa el origen de los incidentes tanto en fallos de control como, de forma muy relevante, en el factor humano y en el tono de la dirección: el 45% de quienes reconocen haber sufrido un incidente lo atribuyen a la falta de un tono adecuado del liderazgo o a la presión de la dirección. Otras causas principales: fallos de procesos financieros (27%), falta de recursos de compliance (27%), desconocimiento de las políticas y requisitos (26%), falta de un tono adecuado del liderazgo (25%) y rotación de personal (20%).
- Presión para no denunciar: la sienten el 65% de los consejeros y el 57% de la alta dirección, frente al 50% de los empleados.
- Silencio en la cúpula: el 43% de los consejeros tuvo sospechas de conducta indebida que decidió no comunicar (19% de los empleados).
- Represalia: el 41% de los consejeros y el 28% de la alta dirección la han sufrido o han visto consecuencias adversas contra quien denunció (16% de los empleados).
- Motivos para callar (global): creer que no se actuará (38%), miedo por la carrera profesional (35%), temor por la seguridad personal (30%), presión de la dirección (27%), no saber a quién dirigirse (20%).
- Inacción visible: casi la mitad (47%) de los consejeros y el 40% de la alta dirección vieron conductas dañinas para la reputación sin que se adoptara ninguna respuesta interna.
4. Canales de denuncia: más canales, menos confianza
El impulso normativo (Directiva europea de whistleblowing, reformas en EE. UU.) ha extendido los canales: solo el 7% de las organizaciones carece de ellos, frente al 14% de 2022. Sin embargo, la confianza no acompaña: la percepción de que es más fácil denunciar cae entre consejeros (46% → 40%) y alta dirección (44% → 36%), y apenas el 14% de los empleados cree que hoy existe más protección frente a represalias (13% en 2022), mientras entre los empleados la percepción de facilidad para denunciar apenas se mueve (25% → 26%). Tener un canal no equivale a tener una cultura que permita usarlo.
5. Tres perfiles de empleado (y qué los explica)
El perfil «potencialmente comprometido» tuvo peor experiencia cuando denunció: el 66% de quienes denunciaron en este grupo sintieron presión para no hacerlo, frente al 35% del grupo «íntegro» (casi el doble). También sufrieron casi el triple de represalias (38% vs. 13%) y 2,5 veces más tuvieron la sensación de que su denuncia no se gestionó bien (38% vs. 15%). Racionalizan su conducta porque no confían en la integridad de la organización. En las organizaciones «integrity-first», el porcentaje de empleados íntegros sube al 73% (49% en el resto).
6. Qué recomienda EY: cuatro palancas centradas en las personas
- Liderar desde arriba: los directivos deben demostrar integridad, someterse a las mismas consecuencias disciplinarias y actuar ante la conducta indebida; certificaciones periódicas del consejo sobre su deber de comunicar.
- Estructura que ejecute la estrategia: gobernanza, roles claros, indicadores de conducta (KBI) junto a los KPI, análisis de causa raíz e independencia real de quien investiga (comités especiales si afecta a la cúpula).
- Cultura integrada en la operativa: compliance embebido en procesos y en la retribución, premiando la conducta íntegra y no solo sancionando.
- Formación y comunicación: el 52% sitúa la concienciación, formación y comunicación —junto a la gobernanza y el liderazgo— entre sus prioridades para los próximos dos años; formación «just in time» y adaptada al puesto, canales de consulta a demanda, seguimiento e informe a quien denuncia y auditoría independiente del canal.
Lectura para la prevención del acoso psicológico laboral (mobbing)
Los datos confirman el patrón que se observa en el acoso: el problema no es la ausencia de canal, sino la falta de seguridad para usarlo. Presión para no denunciar, miedo a la represalia y perjuicio para la carrera profesional, e inacción visible del liderazgo son exactamente los factores que permiten que una conducta hostil se prolongue. De ahí que una prevención eficaz exija tono real de la dirección, procedimientos independientes y fiables, medición de la cultura y formación aplicada a casos concretos, no solo una política publicada.
Fuente: EY Global Integrity Report 2024, EY Forensic & Integrity Services (junio de 2024). Resumen y traducción propios. Última edición disponible: no existen ediciones 2025 ni 2026 (informe bienal).
¿Quieres saber cómo aplicar esto en tu organización?
Ver el Plan Integral